Numero 7
Cómo conquistar una vida de pensamientos secretos

por Patrick M. Morley y David Delk

Adaptado de The Man In The Mirror (Zondervan)

Prácticamente todos los hombres luchan con la tentación de los pecados secretos. Lujuria, amargura, pornografía, ira, egoísmo; todos nosotros tenemos áreas privadas donde somos especialmente vulnerables. Muchos hombres luchan contra estos pecados durante años, sin ningún cambio significativo. ¿Por qué cuesta tanto vencer los pecados secretos?

VISIBILIDAD Y CONCIENCIA

Prefiero ir a la cárcel antes que ser visto en una cantina. Francamente, las razones no son espirituales, sino egoístas. No quiero manchar mi reputación, así que evito las cantinas por completo. Esto tiene menos que ver con lo que Jesús podría pensar que con lo que podrían pensar mis amigos.

La visibilidad de nuestras palabras y nuestras acciones nos ayudan a mantenerlas bajo control. La visibilidad aporta cierto nivel de autodisciplina. Todos queremos llevarnos bien con otros y tener una buena reputación, y estos objetivos nos mantienen a raya.

En contraste, la baja visibilidad de nuestra vida de pensamientos secretos no sufre ninguna presión de nuestros pares, no está sometida a ninguna rendición de cuentas; sólo cuenta con la autodisciplina y la dependencia del Espíritu. ¿Cuál es el resultado de esta baja visibilidad? Llevamos una vida de pensamientos secretos, a veces indócil, que nos avergonzaría que otros conocieran.

Los pecados de baja conciencia son puntos ciegos como el orgullo, el resentimiento, la amargura y la envidia. Estas áreas de baja conciencia son campos de batalla feroces en nuestras mentes. El salmista pregunta: "¿Quién podrá entender sus propios errores? Líbrame de los que me son ocultos . Entonces seré íntegro, y estaré limpio de gran rebelión" (Salmos 19:12-13). Uno no puede derrotar un enemigo que no ve.

LA RELACIÓN VISIBILIDAD/CONCIENCIA

Este cuadro muestra la relación entre la visibilidad y la conciencia. La visibilidad está orientada hacia los "otros" del mundo externo, en tanto que la conciencia está orientada hacia el "yo" del mundo interno.

En general, cuanto más visible es un pecado, es más fácil de controlar. Antes que yo recibiera al Señor, de cada dos palabras que decía una era una palabrota. La gran visibilidad de las malas palabras me hicieron sumamente consciente de su pecaminosidad. En contraste, por muchos años no tomé conciencia de mi ambición de controlar mi propio destino sin la ayuda de nadie - incluyendo a Dios - gracias a su baja visibilidad.

Mientras que la visibilidad de algunos pecados nos motiva a cambiar, no podemos cambiar las cosas de las que no somos conscientes. La conciencia del pecado depende del grado en que estamos llevando una vida no examinada. Una mayor sensibilidad y conciencia del pecado nos ayudan a dejar de pecar.

Veamos lo que ocurre cuando combinamos la visibilidad y la conciencia.

Alta visibilidad/Alta conciencia - Estos pecados son los más evidentes, pecados que cualquiera (aún el incrédulo) reconocería como tales. Note cómo nuestros pecados de alta visibilidad suelen ser pecados de palabras y de acciones.

Una vez, un amigo comenzó un amorío que conocían todos, incluyendo su esposa. Se le acercaron algunos de sus amigos pidiéndole que abandonara este amorío tan visible. Estaba muy consciente de lo que estaba haciendo, pero no quiso dejar de hacerlo.

Alta visibilidad/Baja conciencia - Estos pecados suelen ser los pecados de los incrédulos. Un hombre se hizo cristiano, pero después de varios años seguía siendo conocido por sus ataques de ira en el trabajo. Cuando le hablaron de esto, dijo que pensaba que era perfectamente normal desahogarse. Nadie lo había hecho consciente de que la ira puede ser un pecado.

Baja visibilidad/Alta conciencia - Los problemas de baja visibilidad ocurren cuando nuestra vida de pensamientos secretos se desarrolla sin obstáculos. Todo hombre cristiano alberga algunos pecados de baja visibilidad/alta conciencia. "Sé que mi atracción por la pornografía está mal, pero parece como si no pudiera vencerla.

En una ocasión, un amigo se ofreció a ayudarme a conseguir un préstamo para mi negocio. Pero cuando acudí a él para pedirle ayuda, no logré que cumpliera con su ofrecimiento. Mis sentimientos estaban heridos. Estaba enojado más allá del perdón, y pronto encontré que estaba amargado y resentido. No tenía la valentía de confrontarlo, así que simplemente dejé que estos sentimientos crecieran.

Era consciente de este pecado en mis pensamientos secretos, pero su baja visibilidad no exigía que rindiera cuentas ante nadie. Finalmente, la convicción del Espíritu Santo se volvió tan fuerte que pude reconciliarme con mi amigo.

Baja visibilidad/Baja conciencia - Los pecados más arteros son los de baja visibilidad/baja conciencia. No sólo nadie más los ve, sino tampoco los vemos nosotros. Y, dado que raramente examinamos nuestras vidas ni permitimos a otros acceder a nuestro ser interior, podemos hacer caso omiso de nuestra actitudes pecaminosas.

Hace poco, me di cuenta de que soy un "criticón". Critico todo: personas, edificios, autos, ropa, decoraciones, colores; nada escapa a mi critica. Eso solo no sería un problema, pero agrego a esa crítica una comparación conmigo. Así que, muy sutilmente, rebajo a otros para hacerme sentir mejor. Durante muchos años, no me di cuenta de este orgullo pecaminoso.

CÓMO VENCER LOS PECADOS SECRETOS

Aquí tiene cuatro sugerencias para vencer los pecados secretos:

1. Recuerde que no hay "pecados secretos". Dios conoce cada pecado que cometemos. Podemos ocultar nuestros pecados de otros, pero nunca podemos ocultarlos de Dios.

Un pastor preguntó a sus jóvenes: "¿Harían lo que hacen en el asiento trasero del auto en sus citas si Jesús estuviera en el asiento delantero? Bueno, él no está en el asiento delantero; ¡está en el asiento trasero con ustedes!"

Nuestros cuerpos son templos del Espíritu Santo. Dios está con nosotros aun cuando cometamos pecados secretos. Debemos temer a Dios más que a los hombres. "No teman a los que matan el cuerpo pero no pueden matar el alma. Teman más bien al que puede destruir el alma y cuerpo en el infierno" (Mt. 10:28).

2. Mire el final del camino que ha comenzado con su pecado secreto. Nadie que comete adulterio sale de su casa por la mañana como un hombre felizmente casado y de pronto decide acostarse con una extraña. Nadie es un empleado satisfecho un minuto y en el minuto siguiente decide malversar miles de dólares de su compañía. El adulterio suele comenzar cuando un hombre desarrolla vínculos emocionales con una mujer que no es su esposa. La malversación ocurre luego de largos períodos de amargura, falta de contentamiento y avaricia.

Tal vez piense que su pecado secreto es poco importante, pero ¿adónde lo llevará en un mes, seis meses, cinco años? Los pecados secretos son como una adicción: inevitablemente exigen más y más para satisfacer nuestros deseos. Como un río que corre hacia una catarata, los pecados secretos cobran fuerza cuanto más río abajo nos encontramos.

Cuando Satanás nos tienta, ofrece la carnada pero oculta el anzuelo. Un placer momentáneo puede volverse amargo por la eternidad. Si usted está involucrado en un pecado secreto, piense si el placer de corto plazo justifica las consecuencias de largo plazo.

3. Confiese su pecado a un compañero de rendición de cuentas además de toda persona contra la que ha pecado. "El que encubre sus pecados no prosperará; mas el que los confiesa y se aparta alcanzará misericordia (Proverbios 28:13). El pecado secreto es especialmente atractivo porque está oculto de otras personas.

Cuando permitimos que otro conozca nuestro secreto impedimos que nuestro pecado privado avance. Si usted ha estado involucrado con la pornografía, busque un momento adecuado y confiese su pecado a su esposa. Esto puede ser duro, y ella se enojará y estará herida, pero la honestidad puede traer sanidad a su relación.

En general, no queremos que otros conozcan nuestros pecados secretos porque nos avergüenzan. Cuando permitimos que la vergüenza nos controle cedemos a la propaganda del diablo: "Todo el mundo sabe que soy un pecador, así que nadie se sorprenderá. Y ellos conocen el mal del que soy capaz, porque conocen sus propios corazones.

Saber que Dios ha perdonado aun nuestros pecados secretos puede liberarnos para vencer nuestra vergüenza y confesar esos pecados a las personas adecuadas. Esto puede ser una experiencia liberadora, como si se nos quitara una carga pesada de nuestras espaldas. Una palabra de advertencia: piense cuidadosamente, en oración, ante quién se confesará y cuáles pecados confesará. Hacerse vulnerable involucra un riesgo, así que use la sabiduría y la discreción. Pero esta rendición de cuentas trae una visibilidad y una realimentación que nos permite afirmarnos.

4. Evite situaciones en las que será tentado al pecado secreto. "Huye de las pasiones de la juventud" (2 Timoteo 2:22). Uno no puede ahogarse en el mar si no mete los pies en el agua. Y no será tentado si nunca va a la playa.

Si está luchando con la pornografía, no se demore ante los puestos de revistas. Si está de viaje, pida a la recepción del hotel que apague el acceso a las películas pornográficas en su habitación. Si tiene problemas con la amargura y la avaricia, no sea usted la persona que lleva el depósito de la compañía al banco.

No estamos pidiendo hacer reglas en forma legalista; más bien, deberíamos fijar normas sabias que nos ayuden a evitar la tentación. Tome decisiones concretas acerca de dónde irá y qué hará. Comparta estas normas con alguna persona y pida ayuda para cumplirlas.

CONCLUSIÓN

La meta de nuestra vida de pensamientos secretos debería ser ser santos como Él es santo. Debemos ser implacables al tratar con los pecados secretos, y debemos tomar medidas drásticas para arrancarlos de nuestras vidas: "Despojémonos de todo peso y del pecado que nos asedia, y corramos con paciencia la carrera que tenemos por delante" (Hebreos 12:1). Que Dios le permita vencer en las batallas que enfrenta.

Para más información sobre los temas cubiertos por este artículo, solicite los ejemplares de A Look in the Mirror (Una mirada en el espejo) titulados "Cómo tener un tiempo devocional consistente", "Cómo elegir una iglesia", "Cómo tener una relación de rendición de cuentas" y "Cómo tener un ministerio personal".

Patrick Morley es un líder de negocios, autor y orador, que ha sido usado en todo el mundo para ayudar a hombres y líderes a pensar más profundamente en sus vidas, a reconciliarse con Cristo y a equiparlos para tener un mayor impacto en el mundo.

Traducción: Alejandro Field

© 1995. Patrick M. Morley. Todos los derechos reservados.

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